De diciembre a mayo. Esto es lo que he tardado en reaparecer. Dije en su día que no volvería a llamar "Gaearon" al blog, y creo que he cumplido, ¿no? He puesto el nombre abreviado, el que uso en Twitter (un poco por comodidad, otro poco porque después de años blogueando me di cuenta de que a casi todo el mundo le resultaba prácticamente impronunciable el "aea" que va después de la G, otro poco por no perder la identidad...). Y he añadido el "Dos Punto Cero" porque... bueno, pues porque me dio la gana, ¡ea!
Esta primera entrada tiene título de conversación. Hace unos días cierta persona cuya identidad mantendré en el más absoluto secreto pero que, sin lugar a dudas, se dará por aludida, me llamó por teléfono. Bueno, indirectamente. Llamó a la Moraima y le dijo que me pusiera al auricular. Después de un buen rato de echarme flores por lo buenísimo-que-lo flipas que es mi libro (ah, ¿que no sabéis cual? Este: Gaearon. Vivo simplemente. Vivo, simplemente.) y de insistir en que siguiera escribiendo, me espetó ni corta ni perezosa que no sé venderme. "Que hay libros por ahí a la venta que son una verdadera mierda y el tuyo está muy bien y tienes que publicitarlo y qué coño estás haciendo y te voy a poner a andar y ya verás como te espabilo y..." Vale, que como la susodicha habla mucho (no me pegues cuando leas esto) pues como conversación, conversación... hombre, pues sí, a ratos yo decía "gracias", "no es para tanto", "vale, vale", "pero, mira..." y poco más. Pero debo reconocer y reconozco que en cuanto me espetó la frase que da título a la entrada me tocó en lo más profundo de mi ser y le dije abiertamente "Pues sí, toda la vida he sido un comercial de mierda. No sé venderme".
Pues no, damas y caballeros. No sé venderme. Nunca ha sabido. Soy una de esas personas que -modestia aparte- se apaña muy bien para todo, mañoso, esforzado con el necesario punto de vagancia cuando se necesita, responsable, y que sabe hacer muchas cosas y la mayor parte francamente bien (hasta escribir, que es el caso que nos ocupa), pero no soy capaz de echarle pecho al asunto y decir "¡Aquí estoy yo!". Me cuesta reconocer mis méritos. Siempre suelo contestar con un "no es para tanto" (¿lo veis? en una sola entrada ya lo puse dos veces), y no por falsa modestia. Es que francamente creo que es así. Que no es destacable.
Voy a hacer terapia.
Es decir, voy a dejar que la interlocutora de la tal conversación me dé caña. A poder ser, de 1906. Y de la que deja negrones, también. A ver si espabilo.
Que tan tonto no soy, y reconocer que sé hacer cosas y echarse flores no debe ser tan malo.
Me va a costar, ¿eh?
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