lunes, 15 de junio de 2015

Qué mal te he hecho yo.

Llegas cuando no debes, y cuando tendrías que estar no estás.
Dos semanas yendo y viniendo a tu antojo, a las peores horas llamando a mi puerta y a las que te corresponde no das señales de existencia.
¿Tan mal te trato? ¿O te traté? ¿Acaso crees que me olvido de ti? ¿Qué mal te he hecho yo?
Todos los días y todas las noches temo que llegues y que no llegues. Me pone de los nervios, y lo sabes. Pero te da igual. Cuando me deberías dejar tranquilo apareces como un huracán que me arrastra y me hace desaparecer en el limbo. Cuando espero ansioso tu presencia, y me refiero a una presencia tranquila, no sé de ti. No llegas. No vienes.
No estás. Sí estás. No estás. No sé si estás. No sé.
Y así, todos los días desde hace dos semanas. ¡Dos semanas!
Quizá has encontrado la diversión en enloquecerme un poco cada día, en jugar conmigo, como si fuese un perro al que se amaga con tirarle el palo para al final no haberlo soltado.
No le veo la gracia.
No sé tus razones. De verdad que no las sé.
Te pido por favor, que me dés un poco de normalidad. Te pido que vuelvas a tus rutinas, a tu ritmo normal, sin vacilarme, sin estresarme, dejándome pura y simplemente vivir... y descansar.

Sueño, por favor, ven a tus horas, y ven a diario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario